Sin el tradicional desfile gaucho a la Basílica de Luján, “¡ahijuna!”

La mayor concentración equina del mundo ya no se realizará el 24 de septiembre, para “reconfigurar la peregrinación con el espíritu de la primera, en 1945”. Chau a los fogones, la taba y la guitarreada.

 

Se acabó lo que se daba: el Peregrinaje Gaucho del domingo 24 de septiembre al santuario de la Virgen de Luján. Luego de 80 años consecutivos y de ser el mayor desfile de caballos del mundo: 8.000 cabalgaduras.

Hay que agradecer al intendente que lo transformó en un festival folk: “un evento más ordenado que mantiene la tradición respetando a los animales y al espacio público”, dice el Secretario de Turismo, y agrega: “Existe la necesidad de reconfigurar pragmáticamente la peregrinación con el espíritu de la primera, en 1945”. Y abunda: “…hay que acompañar este nuevo paradigma”.

Tornado en un término sacro, se hace intocable, hasta “progre”: yo lo llamaría “paradogma”, se ajusta más a la verdad de lo indiscutible e inefable. “Reconvertir la actividad….sin perjudicar a peregrinos, animales y vecinos, con una propuesta superadora”.

¡Saraza! ¡Nos están meloneando!

Uno y otro son eufemismos tontones, al mejor estilo de la propaganda de Goebels. Por no decir: “¡Se terminó por tu bien, joder!”, te dicen de resguardar la seguridad de los peregrinos y vecinos, protegiendo  también a los gauchos, de sí mismos y a sus montas. Gracias de nada.

Una agrupación tradicionalista, fundadora del desfile, recomienda no participar de esta maniobra postpandémica. La otra: el Fortín Martín Fierro, fundada en terrenos cedidos por la textil Flandria y al lado del club de la B homónimo, se inició con obreros textiles y no con paisanada. Cosa de no creer.

Año tras año, se dirigían en sus montas hacia Luján desde una miríada de pueblos y ciudades. Hasta de Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil. ¡Vaya si se ha hecho preciosa tradición! ¿Sabías que se inició en 1945 por pedido de Monseñor Serafl, obispo de Mercedes? Era devoto de la Virgen Gaucha y se mantuvo tanto como el festejo del 17 de octubre. ¿Què depara el futuro para ambas?

Será que inquietara que disfruten asados, peñas y algunas botas de vino por demás. Al final estamos celebrando. Es un día para la conjunción de lo sagrado y lo profano, la tierra y el cielo, lo cotidiano y lo trascendente. Llamálo como quieras, pero es imposible sin alegría. Una  antojadiza salva de palabras, prohíbe la tracción a sangre ni en caballos montados. ¿Incluidos párvulos en triciclo o monopatín? ¿Recicladores urbanos? Afortunadamente no es retroactiva la disposición, pues hubiera comprometido seriamente a la campaña del General San Martín, que llevó a bestias y soldados a la extenuación, cargando la parafernalia para nuestra guerra de liberación.

¿Quién no te dice que seríamos aun españoles, de haber habido el mismo calibre de majadería en ese entonces?

Esa rara pasión de las autoridades de reglamentar todo goce y alegría, por tu bien pero para su provecho, aunque te “meen el asado”. O justamente para eso.

Es que a las tradiciones hay que cuidarlas, sostenerlas y estimularlas. Mimarlas. Nos identifican y dan carácter a los pueblos, justamente porque incluyen todas las manifestaciones populares y religiosas de las múltiples comunidades que conforman nuestra Nación.

Mi amiga lujanera me cuenta que por nada su abuelo se perdía el desfile. La mujer le planchaba amorosamente las pilchas ¡esa raya!, él lustraba a espejo sus botas y daba brillo al facón y la plata de la cabezada encandilaba. Más brillaba su zaino.

 

Sin el tradicional desfile gaucho a la Basílica de Luján

Ocho mil gauchos, orgullosos de vibrante argentinidad. Las gentes de a caballo, el gaucho, prepara todo el año su flete y sus mejores pilchas, para honrar lo que le es más sagrado. Como peregrinos que recorren grandes distancias, pregnados de devoción por lo que sienten sublime, se ofrendan y comparten la vivencia y la emoción en magnífica numerosidad. Peregrinar es el esfuerzo sostenido y anhelante por arribar. El camino. Como modelo no hay mejor que el más antiguo, el camino de Santiago de Compostela.

Ciento veinte asociaciones tradicionalistas proponen fogones, folklore, guitarreadas, desfiles con carruajes y carretas y hasta jugar a las tabas. Pero no, les “salió de culo”, prohibición, control sanitario y papeleta de inscripción, con el apoyo del Ministerio de Seguridad de la Provincia.

Más claro fue el fallecido Arzobispo Radrizzani : “Vengan por otros medios” sabía clamar, sin saber o a sabiendas que así los partía por el medio. Ahora deben traer los pingos en tráiler, como si no supieran de andar las pampas. No supieran de hacer la Patria. No sé si el paisanaje todo sabe de tener su Hillux.

Dicen que se cansan los fletes de andar largas distancias por estas inhóspitas y lejanas pampas. Menos mal que una “entidad animalista” desespera por cuidarles los caballos exhaustos al gauchaje, como si no supieran. Como si no alcanzara, proponen castrar gratis a todos los perros y gatos sueltos, pero argumentan que el desfile nada tiene que ver con los “intereses” de los animales. Raro, ¿no?

Iría al matadero a preguntarle a los novillos: “¿qué onda?” Me confundo freudianamente, ¿castración de quién o de qué? Recuerdo el ingenuo y delicioso “furcio” del presidente del Centro de Estudiantes del Pelle, que llevado por su propia y heroica arenga -no miento- predicaba por el aborto libre, gratuito y “¡obligatorio!”. Se mata de risa la militante  y bullanguera estudiantina.

Si los caballos no son de caminar largas distancias, es que las galopan o quizás siestean en las verdes praderas, con sus yegüitas querendonas.

He acompañado el magnífico desfile gaucho de los numerosos devotos del Gauchito Gil, de Pai Ubré a la catedral de Mercedes, para bendecir su cruz, aun siendo un santo pagano, jurado a Sanlamuerte. El desfile de los gauchos judíos a los 100 años de la fundación de la Colonia de Moisesville.

No olvidaré la belleza y la orgullosa presencia de los jinetes y su caballada en la plaza central de Catamarca capital, en honor a la Virgen del Valle. Por no decir del desfile salteño en homenaje a Martín Miguel de Güemes y su heroico gauchaje morado. Fervor, devoción y la autenticidad de lo que es propio. Orgullo.

Transcurre el 2021, ya sin rondas de mate y los veo venir a por las hermosas y palpitantes jineteadas en todo pueblo que se precie.  Tiemblo por Diamante, Urdinarrain, Azul, Jesús María o junto con el Atahualpa Yupanqui, por “¡Caminiaga,  Santa Helena, El Churqui, Rayo Cortado, no hay pago como mi pago, viva el Cerro Coloraaaa … do!”.

Quizás haya quienes imaginen una sórdida argentinidad de equinos de realidad virtual o de IA. Lástima, pues esos no son de aquerenciarse.

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